Mina romana de Lapis Specularis La Condenada

En más ocasiones de las que imaginamos la fantasía con la que nos han llegado elementos de la Historia a través del cine, la televisión o los libros ha generado que desconozcamos una realidad evidente que pasa desapercibida sin que nos demos cuenta.
Un ejemplo de ello es el “cristal” en la antigua Roma. Muchos de nosotros nos hemos criado pensando que los grandes edificios religiosos, determinadas construcciones importantes o las casas de los adinerados ciudadanos no tuvieron cerramientos más allá de puertas y ventanas de madera. Pero nos equivocamos. Había vidrios en las ventanas o, siendo algo más precisos, láminas de un material llamado lapis specularis que, siendo un yeso selenítico cristalizado traslúcido, dejaba pasar la luz solar con mayor o menor opacidad a través de lascas de grosor diverso.
Y es aquí donde nos debemos poner exquisitos porque resulta que semejante elemento, tan importante durante casi doscientos años (siglos I y II d.C.) se extraía casi en su totalidad de la Hispania romana y, de lo que hoy sería la Comunidad de Castilla-La Mancha con hasta 27 yacimientos mineros.
Dentro de lo que hoy comprende la provincia de Cuenca una de las más importantes es la Mina romana de lapis specularis “La Condenada”. Y ello es porque es la única mina romana de dicho material que se conserva prácticamente inalterada desde su explotación en el siglo I d.C. Es decir, visitarla es como retroceder en el tiempo 2000 años.
La Condenada es un yacimiento situado en el municipio de Osa de la Vega y localizado a unos dos kilómetros aproximadamente del mismo, en un paraje conocido como Las Horadás.
Es de destacar que la zona es muy rica en minados de este yeso traslúcido, y que fue intensamente explotada durante el siglo I d.C. Hasta tal punto que se llegaron a agotar casi todas las vetas del mal llamado Cristal de Hispania.
Sin embargo este lugar tiene tras su uso minero una larga y trepidante historia. Así, se ha constatado por intervenciones arqueológicas que ha tenido un carácter funerario y sepulcral en época visigoda, utilizándose como necrópolis colectiva. También ha sido un lugar en el que refugiarse en momentos de penuria y extrema pobreza, o en el que ocultarse en épocas convulsas de nuestra Historia. Se da el caso (y así está documentado) que hubo quienes se escondieron allí huyendo de la mismísima Santa Inquisición, o más recientemente en el enfrentamiento entre nacionales y republicanos en nuestra Guerra Civil Española, siendo espacio de salvaguarda tanto de unos como de otros en función de quienes dominaban la zona.
Pero no sólo eso, sino que además es lugar cargado de leyendas sobre tesoros escondidos en sus laberínticas galerías subterráneas, al amparo de innumerables cámaras mineras hundidas y llenas de escombros. Aunque no debemos olvidar que toda leyenda tiene un poso de verdad. Allí apareció el conocido como “Tesorillo de La Condenada”, un grupo de monedas de época final visigoda y un tirador metálico ocultos en la parte más angosta y profunda de una galería en una ubicación simulada, lo que ha hecho suponer que con el paso de los siglos y el trasiego de seres humanos que por ella han pasado puede que no sea lo único que guarden, junto al mineral, sus paredes.
Un último apunte. Si todo lo anterior no fuese ya de por sí espectacular resulta que La Condenada es también hábitat de una colonia de murciélagos (especie protegida) que, de noviembre a marzo la utilizan como lugar de hibernación.
Si tienes interés en verla mediante visita guiada puedes hacerlo desde abril a octubre poniéndote en contacto con los responsables de la misma a través del e-mail reservas@minalacondenada.com o el teléfono/WhatsApp +34 647 75 33 76
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Fuentes utilizadas y enlaces de interés:




