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Historia

La ermita de piedra de la Virgen de Altarejos: un santuario nacido de la roca en el corazón de la Serranía de Cuenca

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Hay lugares que evidencian haber sido construidos por el ser humano. Y otros que da la sensación de que siempre estuvieron allí, esperando ser descubiertos.
La ermita de la Virgen del Pilar de Altarejos, situada a unos seis kilómetros de Campillos-Sierra, pertenece a esta segunda categoría. Su singular integración en la roca, la belleza del paraje y la profunda devoción que ha despertado durante siglos la convierten en uno de los santuarios más sorprendentes y menos conocidos de la provincia de Cuenca.
No es únicamente un edificio religioso. Es un lugar donde naturaleza, tradición, historia y leyenda se funden hasta resultar inseparables.

Una aparición que marcó el nacimiento del santuario.

La tradición sitúa el origen del culto a comienzos del siglo XIII. Según el relato transmitido de generación en generación, hacia los años 1207 o 1208 un pastor —identificado en distintas versiones como Juan o José Gil Ráez, natural de Valdemoro-Sierra— contempló cómo una peña se abría mostrando en su interior una imagen de la Virgen sobre una columna de piedra.

Aquella noticia se extendió rápidamente por toda la comarca. Los vecinos, por su parte, levantaron un pequeño santuario para custodiar la imagen y, con el paso de los siglos, las sucesivas generaciones fueron ampliándolo hasta convertirlo en el edificio que hoy conocemos.
Como ocurre en tantos santuarios serranos, resulta difícil separar la historia documentada de la tradición popular. Sin embargo, más allá de la veracidad literal del relato, lo verdaderamente importante es comprobar cómo aquella narración dio origen a una devoción que ha perdurado durante más de ochocientos años.

Una iglesia excavada en la piedra.

Lo que hace realmente excepcional a Altarejos es su arquitectura. Desde el exterior, la ermita parece relativamente sencilla, apoyada sobre una gran mole de arenisca. Nada hace sospechar lo que esconde en su interior.
Buena parte del templo se encuentra excavada directamente en la roca. El visitante descubre un espacio sorprendente donde la piedra deja de ser simple soporte para convertirse en paredes, techo e incluso elemento decorativo. Especialmente llamativa resulta la cúpula tallada en la propia roca, iluminada por una abertura superior que permite la entrada de la luz natural y crea una atmósfera difícil de describir con palabras.
No es una cueva adaptada al culto. Es un auténtico ejercicio de arquitectura rupestre que demuestra el enorme esfuerzo realizado por quienes, durante siglos, fueron ampliando el santuario.

Mucho más antiguo que la propia ermita.

Uno de los aspectos que más interés despierta entre historiadores y arqueólogos son las pequeñas cazoletas y marcas excavadas en la roca que rodea el santuario.

No existe una explicación definitiva sobre su origen, pero numerosos investigadores consideran que podrían pertenecer a antiguos lugares de culto anteriores al cristianismo.
No sería un caso aislado. Con frecuencia, los primeros cristianos levantaron iglesias y ermitas precisamente sobre espacios considerados sagrados desde épocas muy anteriores, integrando antiguas tradiciones dentro del nuevo culto. Altarejos parece responder perfectamente a ese modelo.

Un lugar de encuentro para toda la Serranía.

Durante siglos la ermita no fue únicamente el santuario de Campillos-Sierra.
La tradición recuerda que hasta catorce pueblos de la Serranía acudían en romería a este lugar, fortaleciendo vínculos sociales, religiosos e incluso económicos entre las distintas comunidades de la comarca. Con el paso del tiempo muchas localidades dejaron de participar, aunque varias conservan todavía esa antigua costumbre de peregrinar hasta Altarejos cada año.
La romería continúa siendo uno de los momentos más importantes del calendario festivo serrano. Más allá del aspecto religioso, constituye una ocasión para reencontrarse, compartir mesa y mantener vivas tradiciones transmitidas durante generaciones.

Agua, bosque y silencio.

El entorno de la ermita posee tanto atractivo como el propio edificio. No en vano muy cerca discurre el río Tejadillos entre sabinas, pinos y grandes chopos que proporcionan sombra durante buena parte del año.
Del interior del santuario brota además un pequeño manantial que alimenta una fuente situada junto a la antigua casa del ermitaño, hoy acondicionada como refugio para excursionistas. La zona dispone también de mesas y espacios donde disfrutar del paisaje con tranquilidad.
Todo invita a permanecer allí más tiempo del previsto. Porque Altarejos no se visita con prisas. Se contempla. Se escucha. Y, sobre todo, se siente.

Un tesoro por descubrir

La provincia de Cuenca conserva iglesias románicas, monasterios, fortalezas y numerosos santuarios serranos. Sin embargo, pocos reúnen tantas singularidades como la ermita de la Virgen de Altarejos.
Su arquitectura excavada en la roca, la antigüedad de su tradición, las leyendas sobre su origen y el extraordinario entorno natural la convierten en uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes conocen bien la Serranía.
Quizá esa sea precisamente su mayor riqueza. No necesita grandes campañas de promoción. Basta cruzar su puerta, dejar que la luz penetre por la cúpula de piedra y guardar unos minutos de silencio para comprender por qué, desde hace más de ocho siglos, miles de personas siguen regresando a este rincón escondido entre los montes de Cuenca.
Fuentes utilizadas y enlaces de interés:

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